La última vez que te llamé el tono de marcado aceleró: habías cortado. Guardé el celular y me rendí a la idea de que no llegarías, sustentada porque hace una hora dijiste llego en diez minutos. Te beneficié con la duda: ibas a contestar pero chocaste, se te cayó el teléfono y se despedazó, o te asaltaron y robaron el polerón que te presté y me ibas a devolver, celular incluído en sus bolsillos. Me quedé donde te esperaba, Plaza Sotomayor, llanura de baldosas con caca de gaviota, donde vehículos y gente circulan entre sí por delimitaciones inexistentes, como el trole que sin verlo me embistió e impidió que contestara mi celular: un segundo antes sonó y apareció tu nombre en la pantalla.
17 de diciembre de 2009
29 de noviembre de 2009
El hombre agave
El tiempo
las ciencias de la Tierra
y la evolución
parecieran
haber quedado detenidas
en medio
de una estructura
prehistórica
que simula
ser una corona
de hojas
que simula
ser una hoguera
coronada por llamas de hojas
que simula
ser llamas verdes que ofrecen hojas
a una muerte simulada.
Pero no se detuvieron.
Nunca se apagaron.
La muerte
tendrá lugar en esa misma hoguera:
desde ella
el último de los días
surgirá un largo anuncio
totémico.
Se estirará un brazo
y una mano se abrirá
tratando de tocar el cielo, tratando
de salvarse
(incluso
le ofrecerá una flor)
las ciencias de la Tierra
y la evolución
parecieran
haber quedado detenidas
en medio
de una estructura
prehistórica
que simula
ser una corona
de hojas
que simula
ser una hoguera
coronada por llamas de hojas
que simula
ser llamas verdes que ofrecen hojas
a una muerte simulada.
Pero no se detuvieron.
Nunca se apagaron.
La muerte
tendrá lugar en esa misma hoguera:
desde ella
el último de los días
surgirá un largo anuncio
totémico.
Se estirará un brazo
y una mano se abrirá
tratando de tocar el cielo, tratando
de salvarse
(incluso
le ofrecerá una flor)
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