“Querer es esencialmente transitorio: se quiere hasta que se tiene. Al querer, añoro, y al tener, poseo lo añorado. Entonces, ¿dejo de querer cuando tengo?”, dijo en un tono que me pareció melancólico mientras, ajena, repasaba su maquillaje y yo terminaba de ponerme los zapatos. Afuera la estaba esperando su pololo, a quien quiso, supongo, tuvo y, concluyo de su razonamiento, había dejado de necesitar. Quién sabe qué cosa me habrá querido decir porque la mina estaba realmente loca. Seis meses después, por un amigo, supe que se suicidó en circunstancias bastante surrealistas, aunque estoy seguro de que la vi en una fiesta hace poco (y nos miramos durante menos de un segundo, pero por el tiempo suficiente para distinguir sus ojos, siempre indisciplinados por esa espera infinita que es la ausencia de voluntad).
12 de marzo de 2012
8 de enero de 2012
Sombra
Borracho, caminó con dificultad por algunas cuadras hasta que debió sentarse. Había un pórtico de algo que en otra vida fue un palacio. Antes de dejarse caer sobre el mármol simulado de los escalones pudo ver su reflejo en un ventanal. Se vio miserable y pensó que al final, o desde un principio, somos todos así, miserables, solos, universos singulares volcados hacia sí. Por esta misma razón, al recordar el beso que le había dado a esa desconocida, lo vio como un acto tan desesperado y vano, porque la lengua jamás podrá penetrar la garganta del otro hasta acceder a esa entidad intangible que le dicen alma o esencia. Se despertó sobre una camilla, en un blanco hospital.
16 de noviembre de 2011
Nada
Nada parece tener mayor
sentido que servir
de soporte a universos
particulares
sin contaminarlos:
sin constituirlos.
25 de octubre de 2011
Invitación
Hablemos en un idioma inventado o simulado
y digamos todo lo que no ha existido
en la realidad originaria y expropiada.
Ejecutemos acciones imposibles y veamos
cómo cada constelación se convierte en caligramas
universales que dibujan y nombran esencias
optativas. ¿Cuál te llevas a la memoria?
O desintegrémonos de esta tangibilidad cada vez que el viento
se cuele por nuestras hondonadas y la luz del sol
las abandone, infinita.
y digamos todo lo que no ha existido
en la realidad originaria y expropiada.
Ejecutemos acciones imposibles y veamos
cómo cada constelación se convierte en caligramas
universales que dibujan y nombran esencias
optativas. ¿Cuál te llevas a la memoria?
O desintegrémonos de esta tangibilidad cada vez que el viento
se cuele por nuestras hondonadas y la luz del sol
las abandone, infinita.
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